Grafiti

Entrevista con Queso Queso

El grafitero que firmó en español en prácticamente casi todas las aceras de la ciudad y se convirtió en un héroe popular.

By Matthew Trueherz August 19, 2026

Un mural de un luchador con las mallas de diseños de llamas de fuego de Eddie Guerrero.

Image: Michael Novak

Read this in English: An Interview with Queso Queso

Después de confirmar que yo no lo estaba grabando, el grafitero Queso Queso encendió su cámara un momento. Una máscara negra y plateada de lucha libre salió en mi pantalla de Zoom. —¿Me ves?— pregunta riéndose de sus trucos. Luego se toca el sombrero de vaquero saludando con un gesto y, de nuevo, la cámara se apaga.

La voz tras la cámara es de alguien joven. Tal vez de unos veinte años. —Deja que Reddit lo descubra— bromea. Dice que creció en el Norte de Portland antes de que se gentrificara y que es hijo de padres guatemaltecos que tenían varios empleos. Las quesadillas en el microondas eran la “comida de los tiempos difíciles” de su infancia. De allí el nombre de “Queso Queso”.

—Dejemos eso en secreto— fue lo que respondió a mis preguntas biográficas, —eso forma parte del mundo mitológico de Queso Queso— dijo.

Queso Queso es un grafitero prolífico, un “bombardero”, o sea, que se enfoca en el alcance masivo por encima de los detalles artísticos. Lo hace bien. En los últimos dos años, marcó casi todas las esquinas del área metropolitana. Pero sus autógrafos se perciben de una manera diferente. En vez de llenar paredes, escribir sobre señales o dejar otras marcas, se despliegan en el bordillo de la acera y en los cruces peatonales y en las paradas del MAX. Se confunden con la estructura de la ciudad, apropiándose de las letras de molde de avisos que por lo general dicen “No Parking” o “Bump” o “Watch Your Step”. Toma un par de segundos darse cuenta de que lo que parece un mensaje de seguridad municipal dice, de hecho, “Queso Queso”.

Image: Michael Novak

Es más disparatado que el vandalismo corriente, menos amenazante. El año pasado, cuando el presidente se refirió a Portland como un lugar “devastado por la guerra”, un artículo de la revista Rolling Stone transformó el mensaje en una bufonada reconfortante al demostrar que lo único “devastador” en la ciudad era “un misterioso grafitero que imprimía las palabras QUESO QUESO en las calles y las aceras”.

El grafiti de autógrafo se basa en ese misterio. Si se hace bien, uno debería preguntarse qué hace que alguien deje cosas escritas como “Penis Girl” o “Shrimps Is Bugs” o “Queso Queso” en todas partes.

En los últimos años, para evitar la propagación de grafitis, la Ciudad de Portland ha tomado medidas que incluyen, entre otras, el encarcelamiento de varios artistas; cuando se corren riesgos de ese tipo, el grafiti adquiere una nueva dimensión.

Su presencia despierta una intriga similar a la intriga que causa un cuadro de estética hermética y simbólica colgado en la pared de un museo. Alguien hizo un enorme esfuerzo para que la desconcertante obra pudiera contemplarse y eso invita a que los espectadores se pregunten el por qué.

Pero, a diferencia de las obras maestras de los museos, el grafiti se impone en la cotidianidad de todos. Como lo afirmó el novelista Jonathan Lethem: el grafiti “penetra como un cuchillo entre la creación y la destrucción”. Pone al descubierto las grietas en la cultura. Altera el orden, recordándonos que hasta la más firme de las estructuras de cemento la construyó alguien. Un autógrafo imposiblemente plasmado en lo alto de un puente o discretamente entretejido en la dureza arquitectónica de un cruce rompe la ilusión de que la rigidez institucional es inalterable.

Con el tiempo, la persona que plasma los autógrafos se separa de su personaje. La principal ambición detrás del proyecto "Queso Queso" se encuentra en el potencial de la mitología de código abierto (de todos y para todos) para inspirar y conectar a las personas. —Tomó vida propia— dice el artista. —Le pertenece a la gente.

Muchos han acudido al vasto mundo de las redes sociales con la esperanza de saber por qué Queso Queso está llenando la ciudad de queso. Gracias en parte a la cuenta de Instagram del artista, su personaje se consagró como un héroe popular muy al estilo de Portland, que, además, deja ecos de su fascinación por la magia exuberante de la lucha libre. A pesar de que un autógrafo en un carrito de comidas haya inspirado la teoría de que el proyecto era una campaña subversiva de mercadeo, a la mayoría de los admiradores de Queso simplemente les encanta ayudar a forjar la leyenda. Cientos de personas han compartido fotografías de sus zapatos junto al autógrafo de Queso Queso, emocionados de participar en este.

—De verdad has traído la magia a nuestras vidas y te has vuelto parte de nuestro imaginario familiar— comenta una de sus admiradoras afirmando que los lazos con su adolescente se fortalecieron gracias a las colecciones de fotos que hacen con los autógrafos.

—¡Mándale saludos del tío Queso ♥!— responde el artista.

Sin importar lo indescifrable o ilegible que sean los autógrafos, estos sí tienen algo que decir. Puede ser un rugido, un lamento o un “vete a la mierda”. Siempre son una reivindicación de la existencia: “Alguien estuvo aquí”. Dentro de esa lógica, los autógrafos de Queso Queso proclamarían que una persona hispano hablante estuvo aquí y que está en todas partes. Quizás la manera en que ese gracioso y militante pseudónimo encaja, de forma tan convincente dentro de las rígidas estructuras arquitectónicas civiles, como las señales de tránsito, pueda interpretarse como la reivindicación de que las personas hispano hablantes no solo están aquí, sino que pertenecen aquí.

Merodeando en Internet, se pueden encontrar rastros del hombre tras la máscara. Hay una fotografía de las protestas de No Kings del verano de 2025 con una multitud en la que se encuentra un hombre que sostiene, sobre su cabeza, el molde de un letrero que dice “CHINGA LA MIGRA”; de su mochila cuelga otro letrero que dice “QUESO QUESO”.

También hay otro video del artista en un detrás de cámaras de una sesión fotográfica para la promoción de una exhibición de obras de arte en la galería L’Atelier Yaffe, en la que Queso Queso participó con un cuadro. La obra muestra un vecindario con una señal de tránsito y varios edificios que deletrean “Viva la Raza”, frase que se popularizó a finales de la década de los sesenta como el slogan del Movimiento Chicano y de las huelgas de los trabajadores agrícolas. Sin embargo, a inicios de la década de los dos mil, esta se convirtió en el lema de cierta estrella de la WWE.

—No cambió el código. Simplemente era él mismo— dice Queso Queso de Eddie Guerrero, el luchador que hizo de su herencia mexico estadounidense una faceta central en su actuación.

—Era una versión exagerada de un estereotipo, pero, a pesar de eso, estaba allí representándonos.

Queso Queso busca que sus obras resuenen de manera similar. Espera que las respuestas que inspiren sus autógrafos digan cosas como “Él es de los míos, es como yo”, “Somos nosotros los que estamos aquí” o, mejor aún, “Ese es mi gallo, a él le apuesto”.

Días después de nuestra entrevista, apareció un mural en una pared a casi media cuadra de las oficinas de la revista: un luchador con las mallas de diseños de llamas de fuego de Eddie Guerrero. Entre las llamas y en letra de molde está la firma QUESO en cada pierna. El luchador está en el aire a punto de derribar a un agente de Servicio de Inmigración y Aduanas de EE. UU. vestido de Stormtrooper.

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